Dios existe eternamente. Jesucristo es el Hijo de Dios. Es igual en esencia al Padre. Jesús vivió una vida humana sin pecado y se ofreció así mismo como sacrificio perfecto por los pecados de todos aquellos que cree en El. El Espíritu Santo es similar al Padre y al Hijo en esencia. No es una fuerza, sino una persona Divina. El está presente en el mundo para convencer a las personas de su pecado. Es el otro Consolador que Jesús dijo estaría con los creyentes para siempre (Juan 14:16).

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